
París huele a perfume
de rosas frescas;
a nubes bajas y blancas;
a nostalgia de un amor encontrado y perdido,
ahogado en el Sena.
Aúna melodía de recuerdos.
París huele a madera noble
de ese viejo teatro de los sueños
que a través de los años cruje.
París huele a refugio;
a café y aguardiente,
al humo de los cigarrillos de
sus bohemios artistas.
Huele a eso y más…
a las notas de un viejo violín…
París huele a colores
tan intensos como un arco iris
después de una tormenta;
a los tímidos rayos de un sol de primavera;
huele al arte del vino, a sus calles hermosas.
París huele a dulzura de amantes clandestinos.
A una amistad sincera de dos enamorados
que sin saber que, siendo tan amigos,
están encadenados.
París huele a ternura, a pétalos de rosa;
París huele al hermoso despertar
de los amantes que
de amarse tanto y tanto,
sus bocas aparecen llenas
de infinitos hallazgos.
Paris huele a fragancias.
París huele a tu ausencia.
Autora: Josephine Ruiz.
Derechos de autor.